Permanecer: cuando la fe no es emoción, sino fidelidad
No todos los días son intensos.
No siempre sentimos entusiasmo, claridad o consuelo.
Hay jornadas grises, repetitivas, incluso cansadas.
Y, sin embargo, también ahí se juega la fe.
Jesús no nos pidió sentir siempre, sino permanecer.
No huir cuando falta la emoción.
No abandonar cuando el camino se vuelve ordinario.
1. La fe también atraviesa la rutina
Vivimos en una cultura que busca lo inmediato, lo
intenso, lo que se nota.
Pero el Evangelio nos propone otra lógica: la del amor
que permanece, incluso cuando no hay aplausos ni señales claras.
María no vivió siempre momentos extraordinarios.
Su grandeza estuvo en quedarse, en guardar las
cosas en el corazón, en seguir confiando cuando no entendía.
2. Permanecer no es resignarse
Permanecer no significa aguantar sin sentido.
Significa elegir cada día:
- seguir
amando,
- seguir
confiando,
- seguir
creyendo que Dios está, aunque hoy no lo sienta.
El Corazón de María nos enseña una fidelidad silenciosa,
una fe que no hace ruido, pero que sostiene la vida.
3. Cuando la fe madura
Hay un momento en el que la fe deja de ser solo
emoción y se convierte en decisión.
Decido rezar aunque me cueste.
Decido hacer el bien aunque no me agradezcan.
Decido seguir caminando aunque esté cansado.
Ahí la fe crece.
Ahí el amor se purifica.
Ahí Dios trabaja en lo profundo.
4. Una invitación para esta semana
Si esta semana te sientes cansado, disperso o sin
grandes luces, no te preocupes.
Haz solo esto: permanece.
Permanece en la oración sencilla.
Permanece en el bien pequeño.
Permanece en la confianza.
Dios no mide tu fe por lo que sientes, sino por el
amor con el que eliges seguir.
5. Oración breve
Señor, cuando no siento nada,
cuando me cuesta creer,
cuando la rutina pesa,
ayúdame a permanecer.
Que mi fe sea fiel,
como el Corazón de María.
Amén.
Firma
Misioneras
Hijas del Corazón de María
Equipo de
Granos de Mostaza

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