Cuando crees que ya no hay vuelta atrás…
Dios tiene una forma especial de encontrarte justo
donde pensabas que no podía llegar.
A veces la vida se complica. Te equivocas, te alejas,
haces cosas que ni tú entiendes… y llega ese pensamiento que te susurra: “Ya
es tarde. Dios ya no va a mirar para acá.”
Pero este domingo la Palabra de Dios nos trae justo el
mensaje contrario: Dios no se rinde contigo.
Un Dios que no se cansa de amar
Las lecturas de hoy son un canto a la ternura de Dios.
Nos dicen que Él ama a todos, sin excepción. Que se compadece, que perdona, que
siempre busca una manera de volver a empezar contigo. No se fija en lo que
hiciste mal, sino en lo que todavía puedes llegar a ser.
Y Jesús lo demuestra con un ejemplo concreto: la
historia de Zaqueo.
Zaqueo era un hombre con mala fama, de esos que todos
evitan. Pero un día quiso ver a Jesús y, para no ser descubierto, se subió a un
árbol. Y justo ahí, donde él pensaba pasar desapercibido, Jesús lo miró, lo
llamó por su nombre y le dijo que quería quedarse en su casa.
Eso es lo que hace Dios: te busca en el lugar donde
estás, incluso en ese rincón donde crees que nadie te ve.
Un encuentro que lo cambia todo
Zaqueo bajó del árbol y cambió su vida. No porque
alguien lo obligara, sino porque se sintió mirado con amor. Así actúa Dios: no
te grita, te mira y te invita a empezar de nuevo.
Y tú… ¿en qué parte de la historia estás? ¿Subido al
árbol, mirando desde lejos? ¿O dispuesto a dejar que Jesús te mire, te llame y
te diga: “Hoy quiero quedarme en tu casa”?
Pequeños
pasos que abren caminos
No hace falta hacer cosas grandes. Empieza por lo
sencillo:
- Da
gracias por algo bueno que te haya pasado hoy.
- Manda
un mensaje a alguien con quien hace tiempo no hablas.
- O
simplemente di: “Señor, muéstrame por dónde seguir.”
Pequeños gestos, sí…
Pero a veces un paso pequeño abre una puerta
enorme.
Un grano de mostaza
Por eso este blog se llama Granos de Mostaza. Porque
la fe empieza así: chiquita, casi invisible, como una semilla que parece
nada… pero tiene dentro una fuerza increíble.
No importa si te has perdido, si dudas o si sientes
que no encajas. Dios sigue mirándote, sigue buscándote, sigue creyendo en ti.
Y cuando te dejas encontrar, aunque sea un poquito, ese
grano de mostaza empieza a crecer.

Comentarios
Publicar un comentario